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lunes, 30 de noviembre de 2015

Regalo para onee-chan!

Hola!

Bueno, como prometí, le iba a entregar el regalo por correo y así lo hice. Después le pregunté si podía publicarlo y me dijo que sí así que aquí lo triago (aunque un poco tarde porque he estado liada >.<).

Antes de nada, os aviso: es muuuuuy largo, que en el Word ponía 24 hojas o así, así que tenéis rato para leer xD

Ahora, no me enrollo más y os lo dejo ^^

UNA VIDA DE ENSUEÑO

-¿Por qué llevas tanta ropa? -se quejó mientras cargaba bastantes maletas pesadas.

-Ya te lo he dicho, no es ropa... -me giré para ver cómo iba.

-¿Y entonces qué llevas?, ¿piedras? -reí mientras volvía a mirar hacia delante.

-No, son videojuegos, mangas y el portátil con un montón de animes descargados -y tras terminar reí al imaginarme la cara que pondría.

-¿Para qué quieres eso? -y dejó caer las maletas en la entrada de la casa.

-Oye, cuidado, que lo vas a romper -respondí con un puchero.

-¿De verdad que estas cuatro maletas están llenas de ropa? -dijo mirándolas como si fueran bichos raros.

-No. Ésa está llena de videojuegos, la de al lado son la de los mangas, ésa más pequeñita de color negro es la de mi portátil y la otra del mismo tamaño es la de la ropa -y sonreí.

-¿Y para qué quieres todo esto si sólo vamos a estar cinco días en casa de mi madre?

-Pues para distraerme y no aburrirme -sonreí mirándole a los ojos.

-Oye, que para distraerte no hace falta que te traigas todos tus cacharros... -dijo acercándose a mí con una sonrisa pícara.

-No son cacharros. Y... ¿entonces qué haría para distraerme y no aburrirme?

-Bueno... tengo mis métodos... -y me acorraló contra la puerta con una sonrisa seductora y a la vez pervertida.

-¿Ah sí?... ¿Y cuáles serían... esos métodos..? -le seguí el juego mientras nos besábamos.

-Tendrás que esperar hasta esta noche... -y posó sus manos en mi trasero.

-¿No vas demasiado rápido? -susurré mientras le fulminaba con la mirada.

-¿Quién sabe...? -susurró mirándome.

Me besó de nuevo y yo me apoyé en la puerta mientras le agarraba por la nuca. Pero la puerta cedió sin que nos diera tiempo a reaccionar y nos caímos al suelo, quedando él encima de mí.

-Hola parejita -sonrió una mujer un poco mayor y cuando nos vio soltó una risilla-, ¿he interrumpido algo?

-Buenos días, señora Stonewall... -saludé muerta de vergüenza mientras nos levantábamos.

-Hola mamá, ¿cómo estás? -saludó Caleb con cierto rubor mientras le daba dos besos a su madre-. ¿Hemos llegado muy tarde?

-Hola hijo -respondió correspondiendo los dos besos-. ¿Tarde? Qué va, para nada -sonrió-. ¿Habéis tenido un buen viaje?

-Yo sí pero él no -reí señalándole mientras intentaba entrar mis maletas.

-No tiene maña -respondió su madre tras reír-. Venga, entremos... -y me condujo hasta el salón.

-¡Oye..! ¡No me dejéis con todo el equipaje para mí solo..! -le escuché gritar mientras nos alejábamos.

Después de que Caleb dejara las maletas en nuestra habitación, bajó hasta el salón donde nos encontró preparando algo para picar antes de comer.

-¿Has tenido muchos problemas para encontrar vuestra habitación? -preguntó la madre mientras se giraba a verlo, sin perder de vista la comida.

-Bueno, no mucho. Suerte que me habéis ayudado... -ironizó mientras venía hacia nosotras.

-Lo siento... -dije tras reír- Pero tenía que ayudar a tu madre.

-Toma Beatriz, llévate ésto y picad algo mientras yo termino de hacer la comida -y me dio una bandeja.

-¿De verdad que no quiere que le ayude?

-No, además me serías un estorbo -bromeó pícara por no saber cocinar-. Anda, id al salón…

-Gracias -sonreí-. Ah y llámeme Tris, es como todo el mundo me llama.

Caleb y yo fuimos al salón y dejé la bandeja en la mesita situada delante del sofá. Luego sentí que Caleb me rodeó con sus brazos por mi cintura y susurró:

-Anda que me has ayudado, pillina...

-Lo siento -reí-. Creía que tú solo podías.

-Ya claro, tú lo que has hecho es escurrir el bulto... Voy a tener que castigarte esta noche...

Sentí como el rubor subía hasta mis mejillas y se tornaban rojas. Me giré hasta quedar cara a cara con él y le di un beso.

-Eso ya veremos... -le susurré en el oído mientras le abrazaba.

-¿Quieres ponerme a prueba? -preguntó pícaramente mientras me besaba el cuello.

-Bueno, la comida ya está lista, sólo necesita reposar unos minutos... -anunció la madre de Caleb entrando al salón, provocando que los dos nos separáramos rápidamente. Luego nos miró divertida y dijo-: No tardéis mucho en venir eeehh... -y se metió de nuevo en la cocina.

-Anda, será mejor que vayamos... -propuse indiferente mientras por dentro me moría de risa.

-Sí, vayamos... -dijo algo mosqueado.

Nos sentamos a comer y comenzamos a conversar un poco.

-Veo que te ha crecido un poco más el pelo, cariño… -observó la madre mientras servía la ensalada.

-Pues sí, se lo ha dejado más largo -dije acariciándole su ondulado pelo-, ¿a que le queda muy bien?

-La verdad es que sí, ¿se lo has recomendado tú?

-No, se lo ha dejado él así. Mal gusto no tiene, ¿verdad? -respondí mientras le miraba sonriendo.

-¿Podemos dejar de hablar de mí, por favor? -dijo un poco nervioso; no le gustaba ser el centro de atención.

-¿Y entonces de qué quieres hablar? -pregunté mirándole a los ojos.

-¿Qué tal va los preparativos de la boda?

-Van bien -contestó secamente Caleb.

-Tan seco como siempre -bromeé.

-Ah… -suspiró mientras nos miraba- No me puedo creer que dentro de un mes mi Caleb se vaya a casar… ¡Con lo testarudo que es a mostrar sus sentimientos…! ¡Menos mal que ha sentado un poco la cabeza y ha encontrado una chica bien...!

-Es que Caleb también es un rompecorazones -sonreí pícara.

-¿Ah sí? Espero que no hayas roto muchos corazones... Pero menos mal que Tris está aquí para controlarte un poco.

-Otra vez hablando de mí... -rodeó los ojos fastidiado.

Y las dos comenzamos a reír. Terminamos de comer y ayudé a mi futura suegra a lavar los platos mientras que Caleb fue mandado a arreglar un poco el trastero, que estaba bastante desordenado. Hombre, si no ayudaba a lavar los platos que al menos haga algo de provecho, ¿no?

Después la ayudé un poco en los quehaceres de la casa mientras Caleb dormía la mona. Al terminar cogí mi portátil y fui al lugar donde dormía Caleb. jus� q ; i `�d pj :115%'>Sentí como el rubor subía hasta mis mejillas y se tornaban rojas. Me giré hasta quedar cara a cara con él y le di un beso.


-Eso ya veremos... -le susurré en el oído mientras le abrazaba.

-¡Despierta so vago...! -le sacudí por el hombro levemente.

Él despertó de golpe y me maldijo. Yo reí e hice que me dejara sentarme entre sus piernas, dándole la espalda a él.

-¿Qué haces? -me miró con cierta represalia.

-Voy a ver anime con mi chico -dije mientras encendía el portátil.

-¿Yo? ¿Anime? -preguntó incrédulo- ¿De verdad piensas que voy a ver esos dibujitos?

-Cuidadito con ese tono eeehh -regañé mientras giraba la cabeza para verle-, que hago que duermas en el sofá esta noche...

-Je, ¿serías capaz? -retó en tono burlón-, ¿serías capaz de estar una noche sin mí, preciosa?

-Pues claro que sí -y miré de nuevo al portátil-. Además, he pasado más de una semana sin verte así que no tengo ningún problema por una noche.

-Qué desafiante -se burló-. Sabes -y me agarró del mentón para obligarme a mirarle- que te gusta mi compañía y la disfrutas. Tus ojos tienen ese brillo que irradian felicidad cuando estás a mi lado.

-Pues claro que sí, si no, no me casaría contigo dentro de un mes -y miré de nuevo a la pantalla.

Estaba satisfecha de haber fastidiado a Caleb, le había dejado sin ataques y eso me divertía mucho. Claro que tenía ese brillo de felicidad en mis ojos; lo tenía porque le amaba, le quería muchísimo y estaba emocionadísima de casarme con él. Deseaba que llegara el día de la boda y así compartir toda mi vida con él.

Le di al play y comencé a ver de nuevo el OVA de Shingeki no Kyojin sin que Caleb prestara la más mínima atención. Pasaron unos minutos y empecé a notar cómo sus labios dejaban pequeños y excitantes besos en mi cuello y algún que otro leve mordisco.

-¿Qué haces? Para, me estás desconcentrando.

-No pienso parar... -dijo mientras me seguía besando- Y me alegra que te estés desconcentrando, eso significa que te gustan.

-Pues claro que me gustan idiota... -intenté que dejara de besarme.

-Puedes intentar escapar ahora pero esta noche sí que no te escapas... -susurró provocando que me sonrojara.

-Cállate idiota... Y para ya, por favor....

Él siguió besándome sin hacer caso y a mí me iba gustando progresivamente. En un momento dado, Caleb cerró la tapa de portátil y lo dejó en la mesita de noche. Yo intenté protestar pero de un movimiento muy hábil me agarró de las muñecas, haciendo que me recostara en la cama al momento y él se pusiera encima de mí suavemente.

-¿Pero qué haces? -le lancé una mirada asesina.

-Ya lo verás -y comenzó a besarme.

Me besó apasionadamente y luego empezó a besarme el cuello para luego morderme el labio inferior y el lóbulo de mi oreja derecha. Yo me estaba poniendo nerviosa porque me estaba gustando y no quería que eso pasara ahora mismo, no estaba preparada y en el fondo tenía cierto miedo. Poco a poco fui cediendo y él me fue besando la barriga mientras me subía la camiseta poco a poco.

En ese momento entró la madre de Caleb y nosotros nos levantamos de golpe, quedando en la misma postura pero con nuestra parte superior del cuerpo levantada.

-Ups.. ¡perdón!, ¡no quería interrumpir...! -dijo la madre un poco abochornada por la situación-. Tan sólo había venido a ver si Caleb me podía ayudar en cierta cosa pero veo que estás ocupado hijo, así que... -pobrecilla, no sabía qué más decir.

-¡Si quieres te puedo ayudar yo...! -grité atropelladamente mientras me levantaba de la cama.

-¿Estás segura...? No quiero interrumpir nada y...

-Ya lo has hecho... -murmuró Caleb sin que su madre lo escuchara.

-¡No, claro que no! ¡No has interrumpido nada! -sonreí aliviada y agradeciendo su intervención.

-Oh, si insistes, vamos... -y mientras salía conmigo me susurró-: Lo siento mucho...

Yo le sonreí y escuché a Caleb maldecir con un "¡Mierda...!" antes de que la puerta se cerrara.

Después de cenar fui a lavarme los dientes con mi camiseta de L ya puesta y lista para dormir. Entré en nuestra habitación y entré al baño. Mientras estaba dentro escuchaba murmullos de Caleb y su madre fuera de nuestra habitación; así que cuando terminé apoyé mi oreja en la puerta de la habitación a escuchar lo que decían.

-Y dime, ¿eres feliz con ella? -dijo su madre.

-Pues claro que sí mamá, la quiero muchísimo -ese comentario me hizo sonreír.

-Me alegro mucho por ti, hijo... -contestó su madre tras un breve silencio.

-¡Qué cansado estoy...! -dijo Caleb mientras creo que se estiraba.

-Ah, antes de que te vayas a dormir, quiero darte algo muy especial -y escuché cómo se alejaba.

Tras unos minutos, la madre volvió a donde estaba Caleb.

-Toma, esto es para ti -dijo con bastante ternura.

-¿Qué es eso? -dijo con expresión de sorpresa.

-Esto ha pasado de generación en generación en mi familia. Mi madre me lo dio y ahora quiero que tú lo tengas. Ya sé que esto se entrega normalmente a las chicas pero como eres el único hijo que tengo, pues te lo doy -explicó alegremente la mujer.

-¿Una manta? -dijo con bastante sorpresa.

-Se llama la manta "fabrica-niños" -dijo divertida.

-¡Mamá...! -exclamó Caleb bastante abochornado. Yo al escuchar aquellas palabras me había sonrojado bastante.

-¿Qué pasa?, ¿por qué pones esa cara? Ni que no lo hubieras hecho ya...

Caleb se quedó en silencio, supongo que mirando a su madre y yo contuve la respiración tras la puerta. Unos segundos después la madre volvió a hablar.

-¿De verdad? -preguntó con mucha sorpresa- Ósea que aún...

-Sí, aún lo soy... -contestó fastidiado.

-¿Y a qué estáis esperando? -y tras unos segundos de pausa, cambió de tono-. Pues si es lo que creo que estoy pensando, jeje... Vas a tener que sufrir un poquito más -comentó con picardía-. Pero bueno, a lo mejor esta noche cambia tu suerte..

-¡Mamá, por dios...! -protestó Caleb mientras venía hacia la habitación. Yo me levanté rápidamente y me metí en la cama con un manga, simulando que iba a leer, mientras que pude escuchar un "suerte" por parte de la madre. Él abrió la puerta y yo simulé que estaba leyendo.

-Qué rápido te has acostado -comentó mientras escondía como podía la manta por un lado de su cuerpo.

-No te creas, acabo de meterme ahora. Por cierto, ¿y esa manta? -al preguntarle por ella él se inquietó un poco mientras la dejaba encima de la silla.

-Nada, mi madre me la ha dado por si tenemos frío.

-Aaahh... -y me puse a leer de verdad.

Él se quitó la ropa y se metió conmigo en la cama mientras me daba las buenas noches.

-¿No me das un beso de buenas noches? -pregunté extrañada, ya que cuando dormíamos juntos siempre me daba un beso.

-No, que te gusta -bromeó con malicia.

-Serás cabrón... -le maldije mientras le golpeaba en la cabeza con la almohada.

-Está bien, está bien... -rió mientras se incorporaba.

Me plantó un fugaz beso en los labios y yo le miré con represalia. Él volvió a reír y ésta vez me dio un beso en condiciones. Me gustó y le di otro más en compensación por lo de hoy. Nos seguimos besando y cada vez más fue más apasionado.

Sin darme cuenta yo terminé tumbada en cama con Caleb encima de mí besándome el cuello y casi sin la camiseta de L. Mi corazón latía a mil y me gustaba que me besara, pero tenía miedo.

-¡Para...! -le susurré. Me levanté y me puse bien la camiseta y me senté en el borde de la cama que daba a la puerta.

-¿Qué pasa? -preguntó mientras se acercaba a mí con tono dulce.

-Na-nada...

-¿Y entonces?, ¿cuál es el problema? -y continuó besándome en el cuello. A cada segundo que pasaba me ponía más nerviosa.

-¡Ése es el problema! -grité levantándome de golpe y girándome.

-¿El qué? ¿Mis besos?

-¡Sí, eso..!

-¿Por qué no quieres que te bese? -dijo muy sorprendido.

-¡Porque si me besas una cosa llevará a la otra..!

-¿Es que no quieres hacerlo? -su cara cambio a decepción.

-¡No, no es eso...! -grité mientras empezaba a dar vueltas cerca de la puerta.

-¡¿Por qué no quieres que lo hagamos?! -gritó perdiendo los nervios mientras se acercaba a mí rápidamente- ¡¿Acaso no te gustan mis besos?! ¿Acaso... ya no me quieres...? -susurró acorralándome a la pared.

-¿Cómo puedes decir eso? Pues claro que te quiero pero es que... -miré hacia mi derecha.

-Yo lo único que quiero es que seamos felices... -susurró besándome nuevamente el cuello y mordiéndome el lóbulo de la oreja izquierda.

Entrecerré los ojos al estremecerme después de que me mordiera levemente la oreja. Siguió besándome mientras yo miraba hacia la derecha y.... se me ocurrió una idea.

-¿Quieres jugar? -dije mirándolo decidida-. Pues juguemos...

De un rápido movimiento envié a Caleb contra la puerta, que éste sonrió ante mi iniciativa. Le besé apasionadamente mientras él me agarraba el trasero con firmeza. Sin dejar de besarle, le agarré de las muñecas y también se las estampé contra la puerta.

Nos seguimos besando y, cuando me aseguré de que estaba totalmente concentrado en mí, abrí la puerta de golpe. Como él estaba totalmente apoyado en la puerta, se fue para atrás manteniendo el equilibrio como pudo. Cuando recobró el equilibrio, le sonreí triunfante y le cerré la puerta en las narices echando el pestillo. Me apoyé de espaldas a la puerta y escuché cómo Caleb me maldecía y protestaba.

-Ya te puedes ir buscando otra cama, porque esta noche no entras ni en esta habitación y ni en mi cama -y con una sonrisa triunfante, me fui a dormir haciendo caso omiso a las palabras de Caleb, que me dijo que no conseguiría escapar de él.

Obviamente Caleb se molestó bastante pero eso hizo que se quedara con más ganas de hacerme el amor. Durante los siguientes días jugamos al gato y al ratón. Él intentaba estar conmigo a solas pero siempre me escabullía. Él quería que los dos dejáramos de ser vírgenes pero yo prefería esperar. ¿Por qué él no lo podía hacer si tan sólo faltaba un mes para nuestra boda?

En casi todas las ocasiones yo conseguí escapar airosa, pero en el último día de estancia en casa de la madre de Caleb, no pude.

Me había metido en la bañera, que eran esas típicas bañeras japonesas y que eran bastantes grandes. Caleb había salido a comprar unas cuantas cosas y yo aproveché para bañarme. Pero sólo simuló que iba a comprar porque cuando me metí y me desnudé, él ya había entrado, asustándome bastante.

-¡¡Caleb!! ¡¿Qué coño estás haciendo aquí?! -me giré de golpe.

Y me puse roja como un tomate. Él estaba completamente desnudo y era la primera vez que lo veía así, no podía negarlo: estaba como un pan. Él estaba sonrojado pero después me sonrió pervertidamente y se fue acercando.

-Te dije que no escaparías de mí, y hoy sí que no lo vas a hacer…

-Ca-Caleb… po-podemos esperar, no-no es ne-necesario que… -balbuceé mientras iba caminando hacia atrás.

-¡Pero es que yo no quiero esperar…!

Y cogiéndome de las muñecas, me envió contra la pared con cierta violencia, lo que sorprendentemente me gustó. Ahora sí que no podía escapar.

-¿Sabes que así estás muy sexy…? -me susurró antes de besarme.

Empezó a besarme por la boca, el cuelo y así por todo el cuerpo y nuestras respiraciones se aceleraban por momentos. Quería escapar de allí pero me tenía bien acorralada. En un momento dado él me levantó en volandas, notando la fría pared del baño en mi espalda, cosa que hizo que me estremeciera. Paró unos segundos para recuperar el aliento y me miró. Sus ojos resplandecían de felicidad y no pude evitar sonrojarme. Estaba muy guapo y muy mono.

Siguió besándome y llegó un momento en que se me escapó un pequeño gemido sin pretenderlo, cosa que parece que a él le gustó bastante porque sonrió.

-Sssshh… ¿no querrás que nos descubran, verdad? -susurró.

-Lo-lo siento, no… he podido evitarlo… -susurré más roja que un tomate.

-¿Vamos a la habitación? -me miró a los ojos con el sonrojo en las mejillas. Yo sólo asentí.

Fuimos a la habitación sin que la madre de Caleb estuviera por los alrededores y me tumbó en la cama. Se posó encima de mí y me besó fugazmente. Luego se levantó y fue a por la manta que había dejado la noche anterior en la silla.

-¿Qué haces?

-Mi madre me la dio ayer… -dijo acercándose a mí y sentándose en la cama- La llaman la manta “fabrica-niños”.

Yo reí y fui a por mi maleta con Caleb siguiéndome con la mirada, extrañado. Luego volví con él con una manta bastante vieja y me senté a su lado.

-Parece ser que nuestras madres también han tenido la misma idea -reí.

Él sonrió, lanzó las mantas al suelo y me tumbó de nuevo. Y dejamos que nuestro amor y nuestra pasión hablaran por si solos. Al terminar nos dormimos abrazados, y yo con el pensamiento de que esas mantas “fabrica-niños” no podían funcionar, que era una chorrada.

¡Y vaya si funcionó! ¡Y por partida doble! Nueve meses después de aquel día nacieron los gemelos: un niño y una niña; eran completamente idénticos salvo por la diferencia de sexo (Nota: no sé si ésto se puede producir, he mirado así por encima este tema y parece que no pero bueno, yo pongo que sí). Ahora sí que tenía todo lo que podía desear: el amor de mi vida, una casa y mis dos hijos; una familia perfecta.

La convivencia con Caleb era más o menos bien porque casi siempre nos estábamos peleando, pero peleas por cosas sin importancia. Después de cada pelea, pasábamos unas cuantas horas sin hablarnos y cuando nos veíamos, nuestro amor salí a relucir y nos pedíamos perdón entre caricias y besos. Y me enamoraba cada vez más de él. Le iba amando aún más y sí, él era el gran amor de mi vida.

Cuando los niños cumplieron 5 años, tuvimos una gran pelea y no pudimos arreglarlo después. Nos pasamos una semana sin hablarnos y eso a mí me mataba. ¿Qué había sucedido para que ocurriera eso? Intentamos hablar las cosas pero estábamos tensos. No conseguíamos arreglarlo.

Un día él fue a hacer la compra y se dejó la cartera encima de la mesa. Decidí ir a llevársela y cuando pasé por el supermercado, no lo vi. Me extraño y pensé que había vuelto a casa para cogerla, así que decidí volver a casa. De casualidad lo vi sentado en un bar hablando con una chica de pelo lila mientras iba con el coche y me paré en seco en medio de la carretera. Aparqué lo más rápido que pude y me acerqué disimuladamente al bar donde se encontraba Caleb.

Estaba hablando alegremente con una chica de pelo lila (ni siquiera le vi la cara) y tomando unos cafés. En ese momento, por primera vez en mi vida, sentí celos de alguien. Entré mosqueada al bar y cuando llegué a la mesa, dejé caer la cartera con bastante furia, interrumpiendo su charla.

-¡Tris..! ¿Qué haces aquí? -dijo algo sorprendido.

-¡Nada…! -disimulé como pude mis celos-. Se te había olvidado la cartera en casa así que decidí ir a buscarte para dártela pero veo que ya no la necesitas -dije mirando la compra ya hecha al lado de Caleb.

-¡Ah ya…! Cuando iba a pagar la compra me di cuenta de que me la había olvidado y cuando iba a dejarle la compra a la cajera para que me la guardara, me encontré a Camelia -y me la señaló.

Miré al lugar donde señaló y vi a Camelia, lo que me sorprendió porque no había cambiado nada y ni siquiera me había percatado de quién era. Ella sonreía y se levantó para darme dos besos.

-Cuánto tiempo sin verte, Tris -sonrió-. Me he encontrado a Caleb y como se había olvidado la cartera, le he pagado yo la compra.

-Oh, no hacía falta, de verdad -dije un poco sorprendida.

-No pasa nada, es un placer ayudar a viejos amigos -y miró a Caleb sonriendo, a lo que él le correspondió la sonrisa.

-Bueno, me ha alegrado mucho volver a verte Camelia pero es que tengo prisa… -dije nerviosa por la situación.

-¿Por qué no te quedas con nosotros? -propuso Camelia-. Así nos ponemos al día de lo que ha pasado durante estos años.

-Oh, bueno, si no es molestia… -respondí mientras pensaba: “Ah, que encima se iba a quedar”.

-Pues claro que no, cariño… -dijo acariciándome la mano.

Le miré con cierta represalia sin que Camelia lo notara y me senté. Estuvimos hablando de los viejos tiempos y noté que Caleb estaba más alegre que de costumbre y que Camelia como que coqueteaba con él. ¡Delante de mis narices!

-¿Y qué tal vosotros? ¿Os habéis casado…? ¿Tenéis hijos…? -preguntó Camelia dulcemente, como siempre hacía.

-¡Pues claro…! ¡Estamos casados! -dije alegremente-. Hace cinco años que lo estamos -y le cogí de la mano a Caleb.

-Oh, pensaba que sólo erais pareja... Vaya, cinco años... ¿Tenéis hijos?

-Sí, tenemos gemelos; un niño y una niña -respondió Caleb.

-Oh dios mío, ¡qué tarde es! -exclamé mirando el reloj-. ¡Tenemos que ir a recoger a los niños!

-¡Es verdad! ¡Sí que ha pasado rápido el tiempo!

Nos despedimos de ella, cogimos la compra y nos fuimos al coche. Recogimos a los niños y volvimos a casa.

Mientras hacía la comida (sí, aprendí a cocinar) miraba de reojo el comportamiento de Caleb y dudaba si decirle algo sobre Camelia.

-Me ha sorprendido ver de nuevo a Camelia, ¿no? -rompió Caleb el silencio.

-Sí, una grata sorpresa... ¿De qué habéis estado hablando? -y le miré

-Pues de la vida y de los viejos tiempos. No ha cambiado nada.

-Es cierto, tiene la misma cara que de joven -suspiré.

-¿Qué pasa? Pareces un poco molesta... -sonrió pícaro.

-¿Molesta? ¿Por qué iba a estarlo? -dije dándole la espalda.

-No sé... tal vez... ¿te moleste la presencia de Camelia?

Yo abrí los ojos como platos. A veces podía ser tan listo y otras veces tonto rematado. Cogí el plato de ensalada y me dirigí hacia el comedor mientras contestaba:

-Pues claro que no, no digas estupideces.

Por la tarde fui a recoger unas cuantas cosas que había encargado y al volver vi que en el salón estaba Camelia charlando con Caleb. Me molestó bastante y cerré la puerta de golpe, sobresaltando un poco a los dos y yo disimulando un poco.

-¡Cariño, ya estoy aquí...! -y miré al salón- Anda, hola Camelia, ¿a qué se debe esta grata visita?
-Hola Tris -sonrió-. Pues nada es que esta mañana os habéis dejado la cartera en el bar, así que he decido traérosla.

-Vaya, qué cabeza tenemos -dije dándome una palmadita en la cabeza-. ¿Quieres algo de beber?

-No, no hace falta, gracias -se levantó-. Si yo ya me iba. Ha sido un placer veros de nuevo a los dos. Adiós -y se marchó.

Miré a Caleb y él puso cara rara. Negué con la cabeza y fui a la cocina mientras él me seguía.

-¿Qué te pasa? ¿Por qué pones esa cara?

-No me pasa nada.

-¿Y entonces por qué estás molesta?

-No estoy molesta.

-¡Pues dime lo que te pasa..! -dijo nervioso.

-¡No me pasa nada...! -me giré de golpe.

-¡Haz lo que te dé la gana, no se puede hablar contigo...! -y se marchó de casa.

¡Pues claro que estaba molesta, mejor dicho estaba celosa! Camelia fue el primer amor que tuvo Caleb y dicen que los primeros amores nunca se olvidan... Además, habíamos tenido esa pelea, no lo habíamos arreglado y parece ser que Caleb estaba más contento al reencontrarse con Camelia de nuevo... En resumen, que tenía celos.

No volvió hasta la noche, que eso me provocó que estuviera más de mal humor y estuviera aún más celosa.

-¿Dónde estabas? -pregunté de brazos cruzados.

-He salido a pasear, ¿o es que no puedo?

-¿Tan tarde?

-Sí, me he encontrado de nuevo a Camelia y he estado hablando con ella, ¿contenta?

Me callé. No quería seguir discutiendo. Me fui al comedor y le ignoré lo que quedaba de noche. Pasaron los días y noté que Caleb pasaba mucho tiempo hablando con Camelia, y que siempre estaba de buen humor. Eso a mí me molestaba muchísimo y casi siempre nos enfadábamos. Él decía que por lo menos con ella podía mantener una conversación. Eso me crispaba aún más y casi siempre le enviaba a dormir al sofá.

Un día volvía de hacer la compra y un coche pasó corriendo antes de pararse en el semáforo. Como el día de antes había llovido, pues el suelo estaba encharcado y al pasar el coche me mojó entera. Yo grité de furia y miré el coche que había pasado por mi lado. Cogí la caja de huevos y, con gran puntería, empecé a estrellárselos en la parte trasera del coche.

El conductor se dio cuenta y bajó del coche bastante cabreado a pelearse conmigo. Lancé el último huevo que había en la caja de media docena y sonreí con satisfacción. El conductor vio lo que le había hecho a su coche y me miró con furia, dejándome sin palabras.

-¿Shawn? -dije estupefacta. El chico se me quedó unos segundos mirando hasta que me reconoció.

-¿Tris? ¿Eres tú? -el cabreo se le había esfumado al momento- ¿Qué haces así de mojada?

-Pues que me has dado una duchita sin yo pretenderlo -me crucé de brazos.

-¿Y por eso le has tenido que hacer un lavado de imagen a mi coche? -preguntó divertido señalando el coche.

Reí y se ofreció a llevarme en su coche hasta mi casa por las molestias. Acepté y cuando llegué a casa me di una rápida ducha mientras Shawn limpiaba su coche en el patio. Cuando terminé él también había terminado de limpiar el coche y le invité a tomar algo en casa.

-¿Y qué tal te ha ido? -pregunté mientras me sentaba en el sofá, dejando las bebidas en la mesita-. Has cambiado bastante y ahora estás más guapo. Seguro que muchas chicas irán a por ti eeehh... -Shawn rió por mi comentario.

-Tampoco tanto... Tú también estás muy guapa -y me miró a los ojos unos segundos-. Y por lo que veo, estás casada... -dijo mientras miraba mi alianza- ¿Quién es el afortunado?

-Oh, sí, estoy casada con Caleb y tenemos hijos.

-Es muy afortunado por tenerte -sonrió.

Estuvimos hablando toda la mañana recordando viejos tiempos vividos en el Alpino y en el Raimon, como a Caleb le tocaba recoger hoy a los niños, pues le insistí en que se quedara a comer. Como siempre he sido cabezona, conseguí que se quedara y así, que me ayudara un poco.

-¡Hemos vuelto, mami! -gritaron al unísono los niños al llegar a casa.

-¡Hola hijos míos! -y cogí al vuelo a Shouta y a Jean.

-¿Y vuestro padre? ¿Ya os habéis vuelto a olvidar de él?

-Jajaja, no, por allí viene -rió Jean señalando hacia la puerta.

-Mami...

-¿Qué pasa Soul? -la miré.

-¿Quién es este chico tan guapo? -preguntó mientras le miraba absorta.

-Eso... ¿quién es? -preguntó Caleb apoyándose en el marco de la entrada de la cocina.

-Hola cariño. Soul, Jean, os presento a mi mejor amigo de juventud, Shawn Frost.

-Encantado -sonrió Shawn-. Un placer volver a verte, Caleb.

-Lo mismo digo -saludó en su característico tono chulesco.

-Cariño -y dejé a los niños en el suelo-, he invitado a Shawn a comer, espero que no te importe.

-Claro, ¿por qué me iba a importar? Cuanto más seamos, mejor... -respondió mirándome a los ojos, con una extraña mirada que no pude descifrar.

Por la tarde fui a llevar a los niños al colegio y Caleb se quedó hablando con Shawn ya que no tenía que ir a trabajar por la tarde. Cuando llegué vi que los dos estaban un poco tensos y que cuando aparecí se quedaron en silencio y Shawn intentó sonreír a mi llegada pero noté que era forzada.

-¡Qué bien que hayas llegado...! Ahora estábamos recordando viejos tiempos de nuestra juventud -y vi que Caleb puso cara de fastidio.

Sonreí y me senté a charlar con ellos. Durante el tiempo que estábamos hablando, notaba todo el rato que una mirada se clavaba en mí y no era la de Shawn, porque lo tenía enfrente. Él me miraba a los ojos muy seguro y siempre sonriendo; mientras que Caleb, en una de las cuantas veces que le miraba de reojo y él apartaba su mirada de mí, le miraba con cierto recelo y a la vez molesto. En definitiva, no le gustaba su presencia.

Pero a mí me hacía gracia ver a Caleb un tanto celoso, casi nunca lo estaba y cuando lo estaba me parecía muy gracioso, como algo único. Cuando se marchó, él se mostró bastante molesto pero no le di mucha importancia y fui a sacar la ropa de la lavadora, pidiéndole que me ayudara claro.

-¿Y cómo has coincidido con Shawn? -preguntó mientras me ayudaba, pillándome desprevenida.

-Pues... la verdad es que cuando volvía de comprar, él pasó con su coche a toda velocidad pasando por encima de un charco y me mojó entera -expliqué mientras tendía la ropa.

-¿Que te mojó? -preguntó sorprendido.

-Sí, pero yo sin saber quién era, empecé a lanzarle la media docena de huevos que había comprado a la parte trasera del coche -y observé cómo dibujaba una sonrisa satisfactoria-. Él bajó y me di cuenta de quién era. Se ofreció a llevarme a casa por las molestias y yo dejé que lavara su coche en nuestro jardín.

-Aaahh... Supongo que te habrá alegrado de nuevo su presencia, ¿no? -me miró de reojo.

-Pues claro que sí. Siempre me alegra ver de nuevo a viejos amigos. Igual que te pasó a ti con Camelia, ¿verdad? -y le miré.

No me contestó y miró hacia otro lado. Me quedé mirándolo y no le di más importancia y entré a la casa.

Días después me encontré de nuevo con Shawn y me invitó a tomar un café. Yo tenía bastante prisa pero él insistió tanto que no me quedó más remedio que acceder.

-Bueno -comenzó a hablar mientras se sentaba después de ofrecerme el asiento-, lo primero era agradecerte por la comida del otro día.

-No fue nada -sonreí.

-Pues claro que sí. Además, tus hijos son un encanto.

-La verdad es que les caíste muy bien, sobre todo Shouta, que no paraba de mirarte embelesada -reí y él también.

-Pero... parece que a quien no le agradó tanto mi presencia fue a Caleb -sonrió tímido.

-Ah ya... -dije un poco inquieta y un tanto avergonzada.

-Pero es normal. Yo también me pondría celoso por la presencia de algún mejor amigo de mi mujer, y más si es tan guapa como tú -y me miró directamente a los ojos.

Yo me ruboricé y miré tímidamente hacia abajo. Seguía siendo igual de guapo y atractivo que en su juventud. Shawn fue el primer chico que me gustó, y me gustó durante varios años. Se podría decir como si él hubiese sido mi primer amor, al que nunca se olvida. Y a Shawn le tenía mucho cariño.

En ese momento me di cuenta de que hasta ahora no me había fijado en su vestimenta y le miré de nuevo. Él me sonrió y sentí cómo mis mejillas se tornaban un poco rojas.

-Y dime, ¿cómo fue vuestra historia de amor? ¿Qué ha sido de tu vida en todos estos años? -dijo tras reír.

-Prefiero que tú me cuentes primero tu vida, que tengo curiosidad -dije apoyando mis brazos en la mesa.

-Está bien -y comenzó a explicar.

Mientras iba hablando, yo me fijé más detalladamente en su vestimenta. Llevaba una camisa blanca y un poco ajustada que se entreveía su musculado cuerpo pero no muy hortero. Recordé que llevaba puestos unos vaqueros ajustados de color azul marino y unas deportivas normales. Vamos, un conjunto normal y corriente y que, siendo sincera, le sentaba muy bien y se veía bastante sexy.

Entonces miré el reloj y me puse bastante nerviosa, tenía prisa así que le interrumpí.

-Perdona que te interrumpa, ¿podemos hablar otro día? Es que tengo prisa… -dije levantándome.

-Oh -se levantó para despedirse-, claro, no hay problema. ¿Mañana estás libre para comer?

-Eeehh… creo que no. Pero vente por la tarde, que no tengo que ir a trabajar.

-De acuerdo. Sobre las cinco o por ahí me pasaré por tu casa.

-¿Te acuerdas de dónde está? -y asintió-. Bueno, si no te acuerdas llámame y te indico la dirección -y le di un papel donde le anoté mi número que él guardó.

-Pues entonces, hasta mañana -y me dio dos besos para después susurrarme al oído-: Me ha alegrado verte de nuevo…

Sentí un escalofrío recorriéndome todo el cuerpo y me alejé de él para marcharme. ¡Seguía siendo igual de guapo…! Y… ¿había coqueteado conmigo? De jóvenes siempre estábamos juntos y nos lo pasábamos muy bien pero siempre me preguntaba que siendo un chico tan popular, estuviera siempre a mi lado. ¿Acaso le podía haber gustado anteriormente? Eso ya nunca lo sabría… o tal vez sí…

Al día siguiente él vino a verme tal y como propuso y la verdad es que pasé una tarde maravillosa recordando viejos tiempos y de las tonterías que hacíamos juntos o lo que hacían los demás. Y me acordé de Annie. ¿Qué habría sido de ella?, ¿estaría aquí en Japón?, ¿seguiría teniendo esa actitud tan hiperactiva de antes? Demasiadas preguntas tenía en mi cabeza en ese momento que dejé de prestarle atención a Shawn, que me desquitó de mis pensamientos chasqueando los dedos delante de mis narices.

-¿Eh? Perdona, ¿qué has dicho? Es que no te he escuchado.

-Ya lo he notado -sonrió.

Yo me ruboricé un poco y tocaron a la puerta ese mismo momento. Me extrañé porque no esperaba más visitas, así que fui a ver quién era mientras Shawn me preguntaba:

-¿Esperas a alguien más?

-No que yo sepa -contesté llegando a la puerta.

Abrí la puerta y al momento algo se abalanzó encima de mí, tirándome al suelo.

-¡ONEE-CHAN! -en ese momento abrí los ojos como platos, reconocí al momento quién era.

-¿O-onee-chan? -tartamudeé sin poder creérmelo.

-Pues claro que soy yo, ¿quién si no iba a ser? -respondió despegándose de mí y mirándome-. Cuánto tiempo eeehh…. -y sonrió.

-Ya ves pero… ¿puedes levantarte? Parece otra cosa…

-Ah sí, es verdad, que parecerá yuri -se levantó-. Una morena se tira encima de su novia que hace de chico, ósea tú.

-Ya estamos de nuevo… -repliqué fastidiada. Ella rió y me abrazó.

-Me alegra mucho volver a verte.

-¡Tris…! -escuché cómo se acercaba Shawn- ¿Qué ha pasado?, ¿y ese golpe?

-Vienes con efecto retardado, ¿no Shawn? -sonrió al ver al chico.

-¡Annie! ¡Cuánto tiempo…! -y fue a abrazarle.

-Lo mismo digo -le correspondió el abrazo. Luego, me miró a mí-. ¡Me alegro tanto por vuestro matrimonio!

-¿Qué matrimonio? -preguntamos los dos a la vez.

-Pues el vuestro, claro -dijo con cierto desconcierto-. ¿No estáis casados?

Inmediatamente Shawn se sonrojó levemente y miró al suelo con timidez mientras que yo le sonreí y le dije divertida:

-No, no estamos casados. Yo sí, pero no con él.

-¿Que no estáis casados? -dijo sorprendida.

-Ya me gustaría estar casado -sonrió Shawn mientras ella le miraba con detenimiento.

-¿Entonces con quién estás casada?

-Conmigo -respondió una voz detrás de ella, haciendo que se girara de golpe.

-Conque te fue más el chico rebelde eeehh… -comentó divertida mientras le miraba.

-¡Annie…! -le regañé ruborizada.

-¿Qué me he perdido? -preguntó Caleb un tanto molesto al ver a Shawn.

-Eso me pregunto yo. Cuando he venido ellos estaban charlando.

-Oh, tan sólo hemos estado charlando -sonreí.

-Bueno, mejor me voy y vuelvo otro día con más tranquilidad -comentó Annie pasotamente. Me dio dos besos, me dejó su número de móvil y se fue por donde había venido, cerrando la puerta.

-Será mejor que yo también me vaya, ya he abusado demasiado de vuestra hospitalidad -dijo Shawn dirigiéndose hasta la puerta.

-Sí, será mejor… -susurró entre los dientes Caleb lo suficientemente alto como para que lo escuchase Shawn, pero también lo escuché yo.

Caleb cerró la puerta cuando Shawn se marchó y me miró inquiriendo una explicación. Yo rodé los ojos y le ignoré completamente.

Y así seguimos durante un par de semanas. Él hablando con Camelia y yo irritándome y sin hacerle ni caso; y él poniéndose celoso porque hablo con Shawn. En resumen, que siempre acababa durmiendo en el sofá.

Yo notaba que Camelia pues que como que coqueteaba un poco con Caleb y me irritaba bastante. Pero él se ponía celoso porque yo hablaba mucho con Shawn y que él me tiraba los tejos muy a menudo, y le irritaba; pero tampoco tenía tanta importancia, mientras yo no le siguiera el juego, no pasaría nada.

Por otro lado, volví a retomar el contacto con Annie y me vino bastante bien ya que me desahogaba con ella de mis celos de Camelia. Ella me tranquilizaba y me decía que si él me quería, que no me tendría que ser infiel con Camelia. Eso me tranquilizaba un poco pero después saltaba con la broma del tamaño de mi busto con el de Camelia.

-Hombre, teniendo en cuenta el tamaño de delantera de Camelia con la tuya... Caleb puede tener una buena razón -bromeaba pícara. A veces me daban ganas de matarla.

Seguía siendo la misma bromista que de joven. Descubrí que estaba casada con Axel desde hacía ya diez años y que habían tenido tres hijos, dos de ellos gemelos y que la última la había tenido hace dos años. Me alegré muchísimo por ella y agradecí que el destino nos volviera a unir de nuevo; su vuelta a mi vida me alegró muchísimo y me hizo bien.

Un sábado por la mañana me di cuenta de que me había olvidado mi chaqueta en casa de Shawn la noche anterior ya que nos había invitado a cenar a Caleb y a mí. Como Caleb había salido a comprar un par de cosas, decidí ir a casa de Shawn. Mientras me dirigía hacia allí, me llamó Caleb.

-Hola, ¿dónde estás? -preguntó.

-Estoy yendo a casa de Shawn porque se me olvidó la bufanda anoche -noté un resoplido de fastidio.

-No te muevas, voy a por ti, ¿dónde estás?

-Estoy llegando, no hace falta.

-Bueno, te recogeré, ¿de acuerdo?

-Como quieras -y colgué.

Llegué a su casa y él me abrió sin camiseta y un vaquero, provocando que me ruborizara.

-Tris, ¿qué te trae por aquí? -preguntó un poco sorprendido por mi visita.

-Siento molestarte tan temprano pero es que anoche me olvidé mi bufanda negra.

-Oh, es verdad. Iba a llevártela esta tarde. Pero pasa, por favor -se hizo a un lado.

Entré y me ofreció asiento en el sofá. Yo me senté y esperé a que me trajera la bufanda, pero en vez de eso me trajo un vaso con soda.

-Oh, gracias -sonreí levemente.

-Ahora voy a por tu bufanda, creo que la dejé en aquella habitación -dijo dirigiéndose a una de las muchas habitaciones que había.

Me bebí la soda de un trago y me levanté, observando de nuevo el salón pero más detenidamente. Tenía bastantes fotos de su juventud y algunas de ellas me sonaban, así que me vi absorta en todos esos recuerdos.

-Me ha costado lo suyo encontrarla pero al final lo he conseguido -anunció desquitándome de mis pensamientos.

Me giré de golpe y me topé con él, quedando a pocos centímetros de él.

-Gra-gracias... -y cogí la bufanda.

Al cogerla nuestras manos rozaron entre sí, provocando un escalofrío en todo mi cuerpo y que los dos nos miráramos a la vez a los ojos. Sin saber por qué me quedé embelesada mirando los ojos del que fue mi antiguo amor.

-Tris yo... -empezó a susurrar.

Pero no pudo terminar porque ya me había besado. Abrí los ojos como platos e intenté apartarme disimuladamente pero él me agarró por la cintura, sin querer que me alejara.

"¡¿Pero qué haces?! ¡¡Apártate!!" me decía a mí misma, pero no conseguía reaccionar; mi cuerpo no obedecía. Desesperada ladeé los ojos sin poder reaccionar y me horroricé. Creí haber visto por una milésima de segundo la figura de Caleb observando por la ventana. Ahí ya sí que me asusté de verdad y me aparté con violencia de Shawn.

-¿Qué.. qué haces? -no sabía qué decir, lo único que quería era verificar si Caleb había estado ahí, en ese preciso instante.

-Tris... yo... lo... lo siento... -balbuceó con las mejillas rojas.

-Shawn, siento si te he creado alguna ilusión pero... yo sigo amando a Caleb.... Lo siento... -y salí de la casa lo más rápido que pude, dejando a Shawn con la palabra en la boca.

Anduve lo más rápido que pude ya que había ido andando hasta su casa para pasear un poco e intentaba tranquilizarme por la preocupación que tenía. Mientras, mi mente ya temía que Caleb lo hubiese podido ver y hubiese creído otra cosa. Mis ojos lloraban de rabia. Sólo me faltaba que pensara que le había sido infiel, con la tensión que había entre nosotros las últimas semanas.

Llegué a casa y le llamé, temiéndome lo peor. El único ruido que se escuchó fue la puerta al cerrarse, ni un ruido por parte de Caleb ni de nadie; porque Shouta y Jean estaban en casa de la madre de Caleb y sólo estaba él.

Fui al salón y una voz me asustó provocando que diera un respingo.

-Parece que ya has vuelto... -comentó con voz monótona.

Al girarme pude ver que él estaba sentado en el sillón pero el cuerpo echado para delante, con los codos apoyados casi en las rodillas y las manos a la altura de la boca, entrelazadas entre sí; tenía una expresión en el rostro que me asustó de verdad.

-Ca-Caleb... pensaba que irías a recogerme...

-Oh, bueno, he pensado que sería mejor dejarte a solas con Shawn -dijo fríamente, sin dejar de mirarme a los ojos.

-¿Ah-ah s-sí? ¿No-no has pasado por la casa?

-Pues claro que he pasado -sus ojos, entrecerrados, transmitían una frialdad o decepción que jamás había visto; como cuchillas clavándose en mis retinas, llegándome a lo más profundo de mí ser-. Pero como te he visto en actitud tan cariñosa con él, he decidido dejaros intimidad.

Mi corazón dio un vuelco grandísimo. ¡Sí lo había visto! Me quedé inmóvil, mirándole a esos ojos que ahora irradiaban odio, decepción. Como vio que yo no decía nada, ni me defendía y ni lo negaba, prosiguió hablando, siempre con esa gélida mirada que tenía en ese momento.

-¿Te lo has pasado bien? Dime, ¿te ha gustado?, ¿te sientes orgullosa de ello?

-Caleb, no es lo que piensas, no ha pasado nada entre nosotros dos...

-¡¿Que no ha pasado nada?! -me interrumpió levantándose de golpe- ¡¿Y entonces qué debo pensar si veo a mi esposa besando así de apasionada al que fue su primer amor?!

-¡¡No es lo que tú te crees!! ¡¡Él me besó!!

-¡Oh, claro, él te besó! ¡Y ya veo que tú te apartaste al momento! -sus ojos rabiaban de odio en aquel momento mientras se acercaba a mí.

-¡Pues claro que me aparté! ¡Además, eso no significa que hubiera algo entre nosotros!

-Ya claro, ahora intenta negar lo que he visto con mis propios ojos... -me miró vacilón.

-¿Ah sí?, ¿eso crees? Y dime, ¿cómo se supone que he tenido tiempo para acostarme con él hace un rato? -me crucé de brazos.

-Lo suficiente como para que os haya dado tiempo para uno rápido. No lo niegues: me has sido infiel con ese cabrón de Shawn.

-Pues igual que tú con Camelia -ataqué ya furiosa de que no me creyera.

-¿Qué? ¿Con Camelia? -hizo una mueca-. ¡Vamos hombre! ¡Ni siquiera tienes pruebas de que te haya sido infiel!

-Pues que siempre llegas más contento de lo habitual cuando has estado hablando con Camelia, que casi siempre estás más con ella que conmigo, que le sigues el juego cuando esa puta liga contigo. ¿Quieres que siga? -terminé elevando la voz a medida que hablaba.

-¿Que yo le sigo el juego? -repitió incrédulo-. Mira quién lo dice, la que se deja embelesar por el mujeriego ése.

-¿Que me dejo embelesar? ¡¿Tú me has visto alguna vez devolverle el piropo? ¿Acaso lo he hecho alguna vez?!

-¡Pues bien que te pones modosita cuando estás junto a él! ¡Pareces una gata en celo coqueteando con su objetivo!

-¡¿Una gata en celo?! ¡¡Pero si Camelia parece la reina de las putas cuando está contigo!! ¡¡No para de insinuarse todo el rato!! ¡¡Y bien que te hace gracia que te busquen así!! -y él soltó una carcajada, poniéndome negra.

-¡Si lo que me hace gracia es ver tu cara llena de celos! ¡Eso sí que hace gracia!

-¿Gracia mi cara de celos? ¡Pues anda que la tuya! ¡Menuda mapa se te pone cuando Shawn se me acerca!

-Eso es porque odio que se te acerque con esas intenciones -se acercó aún más.

-Pues bien que te agrada que Camelia lo haga -repliqué mirándole a los ojos, celosa.

-Eso es porque me hace gracia verte así, como estás ahora. ¿Pero por qué no lo entiendes? Estoy locamente enamorado de ti, si no, hace ya que me hubiera ido con Camelia si lo hubiese querido -susurró, acercándose un poco más.

-¿Y tú no entiendes que... te escogí a ti en vez de él?, ¿que eres el amor de mi vida? -susurré, y le miré a los ojos.

Los dos quedamos a escasos centímetros de distancia, mirándonos mientras nuestras respiraciones estaban aceleradas. Hasta que no pudimos más y nuestra pasión estalló de nuevo. Nos besábamos desesperadamente, necesitando el contacto de nuestros labios. Él me levantó en volandas y, agarrándome fuerte, me empotró contra la pared mientras yo le rodeaba con las piernas su torso.

Dejaba pequeños mordiscos por mi cuello a la vez que susurraba mi nombre, y yo el suyo. Nos volvimos a besar y terminamos en nuestra habitación, manifestando toda la pasión y el amor que habíamos reprimido durante todas esas semanas. Al final él terminó con la cabeza apoyada en mi pecho, mientras yo le acariciaba su castaña cabellera.

Levantó la cabeza y antes de besarme de nuevo, me miró y susurró:

-Te quiero más que a mi vida…

-Y yo también… -respondí antes de que me besara- Por cierto, ¿qué hora es?

-Quién sabe…Será una cierta hora… -contestó apoyando de nuevo la cabeza en mi pecho.

-No, en serio, ¿qué hora es?

-No lo sé… ¿Para qué quieres saberla? -fingió molestarse un poco.

-Pues porque… tenemos que ir a recoger a los niños a casa de tu madre…

-¿A qué hora teníamos que ir a recogerlos? -preguntó resignado mientras levantaba levemente la cabeza para mirar el reloj de la mesita de noche.

-Creo que a las once o por ahí…

-Pues ya vamos tarde… -comentó sin darle mucha importancia, para luego volver a recostarse encima de mí- Son las once y media…

-¿Qué? -grité sorprendida- ¡Dios mío, tu madre nos va a matar…!

-Es igual que por un día tampoco le va a pasar nada… -cerró los ojos.

Le miré negando con la cabeza. Este Caleb nunca cambiaría… Pero en ese momento se me vino a la mente una idea. Con un poco de esfuerzo -ya que no se movía ni un centímetro- logré alcanzar el móvil fijo de la habitación y telefoneé a mi suegra.

-¿Diga?

-Hola, soy yo, Tris.

-Ah, Tris, por fin das señales de vida, que pensaba que os habíais quedado dormidos -exclamó divertida.

-No, nos hemos quedado dormidos -sonreí mientras observaba a Caleb-. Oye, ¿podrías quedarte los niños hasta mañana por la mañana?

-¿Para qué? -preguntó un tanto sorprendida.

-Es que… lo hemos conseguido arreglar y bueno… -dije mientras jugueteaba con el pelo de él.

-Ah, bueno, si es eso, entonces claro que me los quedo hasta mañana -aceptó pícara-. Que lo disfrutéis, adiós -y colgó.

Dejé el teléfono encima de la mesita y Caleb empezó a hablar:

-¿Es que le cuentas las peleas que tenemos a mi madre? -preguntó mientras se reincorporaba lentamente para mirarme.

-Sí -reí mirándole-. Oye, que gracias a eso los niños no vuelven hasta mañana.

-Hay que ver qué lista eres -sonrió mientras me besaba para empezar un nuevo asalto.

Hacía poco que habíamos cumplido diez años de casados y los niños habían cumplido los diez, y seguíamos amándonos desde el primer momento y yo le llegué a querer como nunca lo había hecho con nadie.

Era por la mañana y todo el mundo estaba durmiendo excepto nosotros, que nos habíamos despertado hace poco; mientras que al lado de nuestra habitación dormían Axel y Annie, que se habían quedado a dormir para pasar el día juntos las dos parejas, sin hijos.

-¿De verdad tienes que ir hoy a entrenar? Es sábado… -me quejé rodeándole el cuello con los brazos.

-Lo siento de verás… Pero piensa que Axel también tiene que ir conmigo.

-Bueno, al menos no seré la única en sufrir la ausencia de su amado -reí pícara mientras le besaba.

Lo que al principio fue un dulce y fugaz beso, se fue convirtiendo en uno más apasionado y delicioso. Me dejé caer encima de la cama mientras arrastraba a Caleb, que lo tenía sujeto por la nuca con mis manos.

-No tengo tiempo… -susurraba intentando escapar de mí.

-Aún tienes tiempo…
-Lo siento de veras, pero no tengo tiempo… -insistió dejando de besarme.

-Muy bien -me levanté de la cama-. Esta noche olvídate de acercarte a mí. No lo pienso hacer ni hoy ni los próximos días. Eso que te sirva de lección, lo vas a pagar muy caro... -y le miré mientras me alejaba de él provocativamente.

No tardé ni tres segundos en ser tumbada de nuevo en la cama. Me miró divertido y me susurró al oído: “Como tú quieras, pero intenta no despertar a nuestros amigos de la habitación de al lado, que tu amiga es muy picarona”. Yo me ruboricé al instante, provocando una carcajada en mi marido, que siguió besándome, para luego susurrarme otra cosa que acabó por ponerme roja como un tomate.

Bajamos a la cocina para preparar el desayuno y vimos a Annie y a Axel tumbados en el suelo, tapados únicamente con una toalla mediana. Los dos nos sorprendimos bastante y ellos nos miraron divertidos.

-¿Qué estáis haciendo así? -pregunté sin creerme todavía lo que estaba viendo.

-¿Tú qué crees? -respondió Annie sonriendo. No dijimos nada-. Quiero que sepas que, si hemos acabado así, ha sido por vuestra culpa, que habéis incitado desde vuestra habitación.

Los dos nos pusimos colorados ante el comentario de la morena mientras ésta y su marido reían divertidos ante la situación.

Por la tarde Annie y yo nos quedamos charlando mientras ella me ayudaba con las tareas del hogar hasta que el teléfono de casa sonó. ¡Poco me iba a imaginar aquella llamada! Lo cogí y me dijeron que acudiera al hospital Inazuma de inmediato y después colgaron. Yo no entendía muy bien lo que pasaba pero fui acompañada de mi mejor amiga.

Cuando llegamos yo fui a hablar con un doctor que solicitó hablar conmigo mientras Annie me esperaba en el mostrador principal. Al ver que yo me dejaba caer contra la pared y deslizándome lentamente por la pared con la cara desencajada, Annie fue a socorrerme al momento.

-¡¿Qué te pasa?! -se agachó junto a mí.

-Ha… ha muerto… -dije repitiendo esas mismas palabras una y otra vez.

-¿Que ha muerto?, ¿quién ha muerto? -no entendía nada de lo que pasaba.

-Él... él... él... él ha muerto... -seguía repitiendo, sin aclararle nada a mi amiga.

-¿Pero quién ha muerto? -Como vio que no le respondía y que repetía siempre lo mismo, decidió sacudirme de los hombros y gritar-: ¡¿Quién ha muerto?!

-¡¡¡CALEB!!! -respondí tapándome la cara con las manos y rompiendo a llorar.

Ella se quedó muda. Poco después llegó Axel, que le llamó Annie, y el mismo médico que habló conmigo les contó qué había sucedido. Caleb había chocado contra otro coche de frente, muriendo en el acto. Los dos ocupantes del otro vehículo siniestrados, que iban borrachos como una cuba, lograron sobrevivir. Al enterarme de eso poco antes de salir del hospital -me habían ingresado por un ataque de ansiedad-, sentí rabia y odio hacia aquellos chavales que me habían arrebatado a mi marido. Deseaba que hubieran muerto ellos en vez de Caleb, que habían matado a una persona normal y corriente por el simple hecho de haber tomado unas copas de más.

Cuando la madre de los dos hermanos vino a pedirme disculpas antes de que saliera del hospital, eso me enfureció aún más. ¡Ni siquiera tenían la poca dignidad de presentarse personalmente! No, en vez de eso, enviaron a su madre a que diera la cara por ellos. Tampoco la madre tenía culpa de tener a unos idiotas como hijos. Me pidió que les perdonara y yo, llorando a lágrima viva, le contesté que nunca jamás les perdonaría, había perdido a la persona que más amaba en este mundo por esos malditos desgraciados (no llegué a utilizar esa calificación) y que no los quería ver nunca.

En el día de su entierro, en el velatorio, pude ver por última vez su cara. Lo habían arreglado como si nunca hubiese sufrido ese mortal accidente, y él parecía que dormía plácidamente; un sueño eterno del que jamás despertaría. No pude aguantar el llanto. Me desplomé encima de su pecho y rompí a llorar mientras gritaba desesperadamente. Quería morirme en ese preciso instante, no sentir ese dolor inmenso que oprimía mi corazón. Annie y algunos antiguos compañeros del Inazuma Japón me socorrieron, intentando calmarme. Y lo lograron.

Cuando lo enterraron, algo dentro de mí murió ese día junto a Caleb. Nunca llegué a recuperarme del todo. No volví a ser la misma. Entré en una espiral de depresión destructiva que me consumía lentamente, pero intentaba hacerme la fuerte delante de mis hijos, lo único que me quedaba de Caleb. Tenía que ser fuerte por ellos, que también sufrían; pero no podía.

Poco a poco conseguí controlar un poco mis lloros en público, pero los seguía haciendo cuando estaba sola. Cada vez que veía algo que me recordara a él o le había pertenecido y que me traía recuerdos, me rompía. Mi suegra y mis antiguos amigos intentaban distraerme para que no pensara tanto en él. Me alegraban sus compañías y esfuerzos, pero nada ni nadie conseguirían que superara aquella depresión.

A veces incluso pensé en quitarme la vida para acabar con aquel sufrimiento, pero siempre borraba esa idea de la cabeza gracias a que nunca me dejaron sola, temiendo que hiciera algo temeroso por mi severa depresión.

Cierto día encontré a Shouta inconsciente y a Jean con mucha fiebre. Me asusté un montón y llevé al momento a los niños al hospital, llamando a mi suegra durante el trayecto. Allí lograron estabilizar a los dos pero me dijeron que los dos sufrían una enfermedad muy rara que hacía que les obligara a quedarse en cama, con fiebres muy altas chafados anímica y físicamente, por lo que mucho jaleo no tenían que tener; y algunas veces esas recaídas que se producían, podrían llevar a la muerte a los niños. Me asustó muchísimo y lamenté que mis hijos tuvieran que pasar su infancia y entrada a la adolescencia guardando reposo y no hacer muchos esfuerzos.

Aquel hecho supuso para mí como una inyección de energía para ayudar a mis hijos contra esa enfermedad, dejando en segundo plano mi depresión. A partir de entonces me volqué en cuidar más que nunca a mis hijos, pues temía perderlos, como toda buena madre.

Había pasado sólo medio año desde que Caleb dejara este mundo y le diagnosticaran la extraña enfermedad a los gemelos, y sentía que, dentro de lo que cabía en la situación de mis hijos, tenía fuerzas y ganas para luchar contra el día a día; pero sólo duró dos semanas.

A las dos semanas del diagnóstico, Shouta sufrió una fuerte recaída, conllevando que muriera en el coche hacia el hospital. Lo único que pudieron hacer los médicos fue verificar su fallecimiento. Me dio otro ataque de ansiedad ahí mismo, sentía que el aire me faltaba y me costaba respirar, lo veía todo nublado y la cabeza me daba vueltas, como si me fuera a explotar; al final me desmayé.

A mi suegra y a Annie les di otro buen susto y lamentaron muchísimo la muerte de Shouta. A mí me destrozó de nuevo y me dejó casi sin fuerzas para seguir luchando por la vida de Jean, que también estaba enfermo.

A Jean también le afectó la muerte de su hermana gemela. Aunque a veces tuvieran sus peleas en el fondo se tenían cariño. Dicen que los hermanos gemelos tienen un vínculo muy fuerte y que cuando uno de los dos se muere, el otro siente como si algo de él se hubiera muerto también. Y eso es lo que tenían ellos y lo que le pasó a Jean. Por aquel entonces yo ni siquiera me podía hacer cargo de él, por lo que mi suegra y sobre todo Annie venían a ayudarme con él, porque yo ya estaba de nuevo sumida en esa espiral ultra-destructiva de depresión.

Y un día, Jean, lo único que me quedaba en este mundo, nos dejó para descansar eternamente y alejarse del sufrimiento al que estaba siendo sometido por la enfermedad. Antes de cerrar los ojos para siempre, me susurró sus últimas palabras.

-Mami, te quiero… a ti… a Soul… a la abuela… y a papá…Y quiero que sepas que… nunca has sido una mala madre… y que no te tienes que atormentar por no haberme cuidado durante los últimos meses… en el fondo sabía que me querías y que estabas así por la muerte de papá y de Soul… no temas por mí, estaré bien, estaré con Shouta y con papá… te… quiero…

Y con una sonrisa de felicidad, murió pronunciando aquellas dos últimas palabras, partiéndome el alma. Aquello fue lo peor que me pasó. Aquellas palabras que dijo Jean me llegaron al alma, a lo más profundo de mí ser, desgarrándolo por completo, y dejando un oscuro remordimiento de no haber estado con él durante sus últimos meses.

En menos de un año había perdido a mi marido y a mis dos hijos. Lo había perdido todo. Ya no tenía ninguna razón para vivir. Quería morir, dejar aquel cruel mundo que me había arrebatado todo lo que apreciaba. Me autolesioné a escondidas de todos, intentando quitar el dolor que tenía. No quería sentir nada.

E intenté quitarme la vida. Me cogieron justo a tiempo, si hubiesen tardado media hora después, hubiera logrado mi objetivo. A partir de entonces no me dejaron ni un segundo sola, vigilando que no intentara suicidarme. Lo intenté varias veces cortándome las venas encerrada en la habitación pero ni con eso pude morirme.

Desesperada, llegué al punto de pensar de tirarme por la ventana, sin que nadie me detuviera. Y un día decidí ponerlo en práctica. Estaba en casa de mi suegra y ella y Annie habían salido a comprar, dejándome sola en casa, pero eso sí, tomando medidas de precaución: habían escondido todo objeto puntiagudo o peligroso para que no me hiciera nada en una caja fuerte con la llave en custodia de Annie.

Después de escribir una carta de despedida, que me costó una media hora o así escribirla, me conciencié para tirarme por la ventana, que era una buhardilla (lo más alto que había de aquella casa). Sí, era una distancia no muy alta pero si me lanzaba de cabeza contra el suelo, seguro que conseguiría desnucarme.

Cuando estaba a punto de lanzarme al vacío llegó Annie y logró agarrarme antes de que me tirara. Histérica por no poder abandonar ese sucio mundo, comencé a gritar y a dar patadas a diestro y siniestro, intentando librarme de Annie. Y ella me golpeó en la nuca, dejándome inconsciente al momento.

Estuve sin sentido durante una hora y cuando desperté estaba en la que ahora estaba siendo mi habitación en la casa de mi suegra. Allí me miraban mi suegra, Axel y su mujer, preocupados por mí.

Comencé a llorar. Estaba desesperada, no quería seguir viviendo y ellos no lo entendían y se empeñaban en que siguiera con ellos. Intentaron consolarme pero yo estallé contra ellos. Les espeté que eran unos egoístas manteniéndome con vida cuando lo único que quería era morirme, que ya no tenía nada para estar aquí. Mi suegra se quedó muy apenada al ver mi estado mental y Annie le pidió que esperara fuera de la habitación; ella obedeció.

-¿Por qué quieres morir? -preguntó dulcemente mi mejor amiga.

-Tú ya lo sabes -respondí tajantemente.

-¿Tanto deseas morir? -me miró fijamente a los ojos.

Asentí sin saber a dónde quería llegar a parar mientras miraba a Axel, con una mirada inquisidora. Él sólo sonrió misteriosamente.

-¿Por qué lo preguntas?

-Porque… hay una forma de que te reúnas con él… -sonrió enigmáticamente Annie.

Hice una mueca y ella lanzó una mirada de complicidad a Axel, que salió de la habitación al momento. Ella me miró y noté una mirada muy diferente y extraña, como nunca lo había hecho antes. Me inspiró tanta confianza que pensé en aceptar todo lo que me dijese.

-Si de verdad lo deseas… puedes ir con él… -explicó mirándome aún más tiernamente.

-No te entiendo. ¿A qué te refieres?

-Ven, cariño, ven -me agarró de la cabeza y la apoyó encima de su pecho y me abrazó-. Cierra los ojos y respira lentamente.

-Pero…

-Hazlo -ordenó seria, pero manteniendo su tono dulce.

Resignada, le hice caso y cerré los ojos. Escuchaba el latido de mi mejor amiga, era pausado y relajante.

-Ahora… recuerda la primera vez que le conociste, tu primera impresión de él, el desarrollo de tu relación con él, el momento en que te diste cuenta de que sentías algo por él, la primera mirada que cruzaste con él cuando te diste cuenta de tus sentimientos, el primer beso, la primera vez, vuestra boda, el nacimiento de los niños, todos los recuerdos vividos, los buenos, los malos… recuérdalo todo de vuestra vida en común…

Y así lo hice todo lo que me indicó. Recordé todas nuestras vivencias, nuestras emociones, nuestras anécdotas, sentimientos, todo. Y sentí que flotaba, flotaba en una nube y, por primera vez, ya no sentí ese dolor y desesperación que había sentido durante todo ese año. Noté que un aura especial o algo mágico envolviéndome y, como por arte de magia o de algo inusual, me hallé en un lugar diferente al que estaba antes.

-¿A-Annie?, ¿do-dónde estás?

No se veía nada, todo era blanco y se escuchaba los ecos de mis pasos y de mis palabras. No había ni un alma por allí y comencé a asustarme. Estaba sola en aquel sitio, sin nadie a mi lado. Comencé a caminar por aquel lugar tan extenso e inacabable, sin rumbo alguno.

-…. Tris… -un eco retumbó en mis oídos.

-¡¿Hola?! -me giré al momento a ver si había alguien, pero nada- ¡¿Hay alguien ahí?!

Ninguna contestación. Seguí caminando y escuché de nuevo aquel eco, una y otra vez. De repente, una luz brillante apareció delante de mí, cegándome con su intensa luminosidad. Cuando mis retinas se acostumbraron a esa luz, pude distinguir lo que parecía ser la figura de un chico alto en medio de la luz. El eco volvió a sonar, saliendo ahora de aquella figura. Y me impactó al reconocer aquella voz.

-… Tris… mi amor….

Mi corazón empezó a latir violentamente. ¿Qué estaba pasando?, ¿por qué estaba ahí?, ¿era posible que en ese mismo momento estuviera con Caleb?, ¿pero cómo? Él había muerto hacía ya un año.

-¿Ca-Caleb…? -escudriñé en la figura, que aún seguía iluminado por esa luz, que iba cesando poco a poco.

No respondió pero se fue acercando a mí, hasta que pude ver que era él. Comencé a llorar, mientras me tiraba hacia Caleb, sin poder creer nada de lo que estaba sucediendo.

-¡¡Caleb!! -y le besé como nunca lo había hecho antes.

Él me abrazaba y me pegaba a su cuerpo, sin querer soltarme. Yo le besaba intensamente, quería volver a sentirlo de nuevo. Inexplicablemente le sentía cálido y con más amor que nunca.

-Te he echado muchísimo de menos… -me susurró al oído antes de dejar de abrazarme.

-¿Qué-qué está pasando? ¿Qué haces aquí? Es decir, ¿cómo has llegado?

-¿Es que no te alegras de verme? -preguntó divertidamente.

-¡No! ¡Es decir, claro que sí! Lo que no entiendo es cómo he llegado hasta aquí o cómo lo has hecho tú… Porque… -no quise continuar por la emoción que me iba invadiendo.

-Entiendo tu desconcierto -me consoló cariñosamente-. Ahora, tengo que preguntarte algo muy importante -ahora su expresión había cambiado, ahora estaba serio pero no muy severo.

-¿El qué?

-Ahora estás aquí, conmigo, pero tienes que tomar una decisión muy importante que marcará para siempre tu vida. Si aceptas venir conmigo, renunciarás a la vida que has vivido hasta ahora, a tus amigos, familiares, ya no podrás volver con ellos; y si aceptas seguir con tu vida y superar tu permanente luto, tu vida seguirá su rumbo, el que tú elijas y el que te depare el futuro… -explicó alejándose de mí- Ahora, es tu turno…

Y vi que detrás de Caleb, se veían todos los recuerdos vividos junto a él y que, detrás de mí, estaban todos los recuerdos vividos de mi vida: familia, amigos, enemigos, etc. Ahora tenía que elegir mi destino: seguir con Caleb por el resto de mi vida o renunciar a él, superar el pasado y vivir el mañana.

Por un momento estuve dudando, quería estar con él, sí, pero no quería dejar a todos los que me acompañaron durante toda mi vida, lo único bueno que me había pasado. ¿Qué debía hacer? ¿Renunciar a toda mi vida por un futuro con él? ¿O seguir adelante asumiendo que ya no lo volvería a ver?

Alcé la mano en dirección a él, estaba temblorosa y no sabía qué hacer. Dudé un momento y la retiré instantáneamente. Tenía miedo, no sabía qué iba a pasar. Él me sonrió y me dijo unas palabras que me marcaron.

-Hagas lo que hagas, siempre estaré a tu lado y estaré muy orgulloso de ti. Te quiero…

Y empezó a desvanecerse, anunciando que yo había tomado ya mi decisión, la decisión de seguir hacia un nuevo futuro; y sentí pánico. No quería volver a dejarle de nuevo, no quería que me abandonara de nuevo, quedarme sola, sola en aquel mundo sin sentido.

-¡Caleb!                                                                                           

Me tiré hacia él llorando, temiendo que ya se hubiera desvanecido pero no, sentí cómo me agarraba con sus brazos. Se sentía tan cálido y acogedor. Le miré y él me sonreía. Nos fundimos en un mágico beso y oí gritar a unas vocecillas desde lo lejos.

-¡Mamá… papá…!

Esos ecos se escuchaban cada vez más hasta que los pude distinguir: ¡Shouta y Jean! Instintivamente comencé a llorar mientras cogía al vuelo a los dos niños, colmándolos de besos y abrazos. Dejé a Jean al suelo y se fue con su padre, al que cogió en brazos mientras yo lloraba con Soul abrazada a mí.

-No llores más mami… estamos todos juntos, ya no estarás sola… -dijo con una voz angelical.

Caleb se acercó a mí y me besó en la frente y, por última vez, vi los recuerdos que había tenido en mi vida, desvaneciéndose lentamente.

-Gracias… -susurré observando cómo se esfumaban de mi vida.

Y me dio la sensación de que, sin ni siquiera ver su rostro, ella me había correspondido sonriendo…


Bueno, espero que os haya gustado ^^

Qué os parece el final? Dejadme vuestras conclusiones por favor ^^

Besos y hasta la próxima! ^^

2 comentarios:

  1. TELENOVELÓÓÓÓN

    Okno xD En serio, eso es telenovela en toda regla... "Un amor imposible", en cines el 20 de diciembre.

    Saludos :3

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    1. Jajaja, la verdad es que sí lo parece >.< Sí, un amor imposible y cabrón xP
      Saludos :3

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